En el corazón de la Ruta de los Siete Lagos, entre San Martín de los Andes y Villa La Angostura, Lago Hermoso Ski Resort busca hacerse un lugar propio en el mapa de la nieve argentina. Rodrigo “Roich” Oriolo cuenta a Business Intriper cómo nació el proyecto, por qué se piensa como complemento de los grandes centros de la región y cuáles son las experiencias que anticipan su próxima etapa: nuevos medios de elevación, nieve artificial y la posibilidad de dormir en plena Cordillera de los Andes.
Hay proyectos que nacen de un estudio de mercado y otros que comienzan, sencillamente, como un sueño. Lago Hermoso Ski Resort tiene un poco de ambas cosas.
Ubicado dentro del Parque Nacional Lanín, sobre uno de los corredores turísticos más emblemáticos de la Patagonia, el centro de esquí es uno de los jugadores más jóvenes de la industria de la nieve argentina. Y, precisamente por eso, todavía está escribiendo buena parte de su historia.
“Es un proyecto muy emocional. No es tan racional hacer un centro de ski”, reconoce Rodrigo “Roich” Oriolo, responsable de Lago Hermoso Ski Resort, al recordar los primeros pasos de una iniciativa que comenzó antes de la pandemia y que nació a partir del sueño de Patrick Esterling de desarrollar una montaña de esquí en el lugar.
Hoy ese proyecto ya cuenta con medios de elevación, infraestructura gastronómica, escuela, propuestas de nieve y un master plan que contempla nuevas etapas de crecimiento.
La ubicación es parte central de la apuesta. Lago Hermoso está a unos 25 minutos de San Martín de los Andes y aproximadamente 55 minutos de Villa La Angostura, en plena Ruta de los Siete Lagos. Esa posición lo coloca dentro de un corredor que ya tiene a Chapelco y Cerro Bayo como referentes consolidados de la nieve argentina.
En conversación exclusiva con Business Intriper, Oriolo explica por qué esa cercanía no se plantea como competencia sino como una oportunidad para ampliar la oferta turística de la región.
Business Intriper: Para empezar por lo esencial, ¿qué es hoy Lago Hermoso?
Rodrigo Oriolo: Lago Hermoso Ski es uno de los nuevos centros de esquí de Argentina. Nuestra proyección es crecer durante los próximos años y tenemos un master plan que comenzó antes de la pandemia.
También es un proyecto muy emocional. Una de las cosas que más nos conecta a todo el equipo es sentir que somos pioneros. Esto que hoy es una realidad fue hace algunos años un proyecto que encabezó Patrick Esterling, que tenía el sueño de hacer un centro de esquí.
Hoy tomó una dimensión que soñábamos que podía llegar a suceder. Es increíble la cantidad de gente que trabaja, los proveedores directos e indirectos que intervienen y todo lo que genera alrededor.
Nos apasionan la nieve, el esquí, el snowboard y las experiencias en la montaña. Estamos muy orgullosos, pero también tenemos un compromiso muy importante con Parques Nacionales porque estamos dentro del Parque Nacional Lanín y el crecimiento se va dando dentro de esa jurisdicción.

¿Qué diferencia a Lago Hermoso de otros centros de nieve de Argentina?
Una de las similitudes importantes es que tenemos medios de elevación y no solamente medios de arrastre. Eso es lo que nos convierte en una estación de esquí y no simplemente en un parque de nieve.
Pero siento que una diferencia muy grande está en la energía del lugar. Hay personas que son más sensibles a eso, que conectan inmediatamente con el entorno y disfrutan muchísimo estar en un espacio de naturaleza tan cuidado.
Somos muy cuidadosos con los detalles. Y no solamente desde lo estético: también desde lo funcional. Queremos que todo esté como debería estar en un centro de esquí.
El complejo dispone de unas 350 hectáreas esquiables y alrededor de seis kilómetros para esquí, snowboard y esquí de fondo, según la información turística oficial de Neuquén. Entre su infraestructura figuran aerosilla, medios para principiantes, gastronomía, rental y actividades complementarias.
Están muy cerca de Chapelco y, siguiendo la ruta, de Cerro Bayo. ¿Cómo se posicionan frente a destinos ya consolidados?
Nosotros nos consideramos un complemento de los centros de esquí que están sobre este corredor.
En alrededor de cien kilómetros tenés tres alternativas: Cerro Bayo en Villa La Angostura, Chapelco en San Martín de los Andes y nosotros, que aunque estamos más cerca de San Martín nos convertimos en una tercera opción.
Eso es interesante porque hoy el visitante no necesariamente quiere esquiar durante siete o diez días consecutivos en la misma montaña. Quiere probar lugares distintos, conocer, tener experiencias diferentes y, si viaja con familia o amigos, poder elegir.
En ese contexto, Lago Hermoso se transforma en una opción muy interesante.
¿Hay un público particular para el que Lago Hermoso funciona especialmente bien?
Para el público principiante creo que somos una gran opción.
Cuando alguien empieza a esquiar, estar inmediatamente “volando” atado a un cable de acero puede resultar hostil. Acá podés comenzar sobre la misma superficie, aprender y ganar confianza.
Después fuimos incorporando otras experiencias y distintos medios de elevación. La idea es seguir creciendo progresivamente.
Ese posicionamiento continúa siendo parte de la estrategia del complejo: la propuesta comercial de Lago Hermoso pone especial énfasis en quienes tienen su primer contacto con la nieve, con sectores y programas diseñados para principiantes.

Hoy el turista de nieve parece buscar bastante más que esquiar. ¿Cómo cambió la experiencia de montaña?
Totalmente. El visitante ya no viene solamente a aprender a esquiar o hacer snowboard.
Nosotros tenemos cabalgatas blancas con caballos criollos, experiencias en motos de nieve y distintas propuestas de aventura.
Además está el Refugio Cumbre, que fuimos preparando y desarrollando para recibir grupos y generar otro tipo de experiencias. Es un lugar muy diferente, con una vista increíble de la Cordillera de los Andes.
Desde allí se ve el propio Lago Hermoso, pero también las lagunas de la estancia, como Laguna Raulí y Laguna Las Cármenes.
Es un lugar para sentarse, relajarse, conversar y entender de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.
Dormir en la montaña: una de las experiencias que busca cambiar el concepto de “día de esquí”
Uno de los proyectos más singulares del desarrollo está varios metros por encima de la base.
La intención es que algunos visitantes ya no tengan que abandonar la montaña cuando termina la jornada, sino que puedan pasar la noche en altura y despertarse directamente en medio de la Cordillera.
Están trabajando justamente en la posibilidad de pernoctar arriba. ¿Cómo será?
Tenemos un proyecto para invitar a la gente a quedarse y disfrutar también de la noche.
Estamos trabajando con unos shelters de diseño antártico, pensados para que duerman dos personas en cada uno. Inicialmente serán tres.
La idea es generar experiencias curadas: venís a esquiar, subís, tenés una cena, dormís ahí, a la mañana siguiente desayunás en el refugio y tenés también incluido el día de esquí.
Es una experiencia 360: contacto con la naturaleza, deporte y la posibilidad de pasar una noche en plena Cordillera de los Andes.
Es, además, una señal de hacia dónde está evolucionando el producto turístico de nieve: menos dependencia exclusiva del pase de esquí y más experiencias capaces de extender la permanencia y el gasto del visitante.
Un centro que todavía está en construcción —en el mejor sentido—
La condición de “nuevo” permite a Lago Hermoso sumar infraestructura a medida que prueba el funcionamiento del destino.
Para la temporada 2026, por ejemplo, el complejo anunció la incorporación de un nuevo teleski Poma, destinado a ampliar el acceso hacia el Mirador del Lago Hermoso, sumándose a la aerosilla cuádruple, Magic Carpet y teleski MegaStar. También presentó un nuevo Freestyle Park para snowboarders y esquiadores.
La nieve técnica es otro de los pilares del plan.
¿Por qué la inversión en nieve artificial es tan importante desde una mirada de negocio turístico?
Porque la industria necesita certeza.
En invierno nos convertimos en un actor importante porque la gente viene a buscar nieve. Por eso vamos a seguir invirtiendo en nieve artificial.
La inversión en máquinas pisapistas, motos de nieve y cañones de nieve artificial hace a la infraestructura del lugar. Queremos que quien elige Lago Hermoso sienta que está en un espacio cuidado hasta en el mínimo detalle.
El concepto de “certeza” es especialmente relevante para toda la cadena: hoteles, operadores, agencias, transfers y viajeros necesitan poder planificar con anticipación. En 2026, el propio centro volvió a poner en funcionamiento sus sistemas de producción de nieve como parte de la preparación de pistas para el invierno.
¿Qué significa Lago Hermoso para el turismo de Neuquén?
Somos un complemento y un eslabón de toda la cadena de la industria turística.
Neuquén es una provincia que viene creciendo muchísimo por el oil & gas, pero que tiene también al turismo como parte de su eje estratégico. Nosotros sentimos que estamos en el negocio correcto y en el momento indicado, creciendo en conjunto con el resto de las estaciones de esquí.
Y para nosotros es muy importante trabajar dentro de la industria con operadores turísticos, agencias y empresas de transporte. Todo forma parte de la misma cadena.
De una montaña de invierno a un destino de cuatro estaciones
Detrás de las nuevas inversiones aparece otro desafío habitual para los destinos de nieve: cómo reducir la estacionalidad.
Lago Hermoso no quiere limitarse al invierno.
“Estamos preparando también la temporada de verano. La idea es complementar durante todo el año actividades en Lago Hermoso”, adelanta Oriolo.
La estrategia cambia la lógica del proyecto. Ya no se trata únicamente de construir pistas y sumar remontes, sino de transformar un enclave excepcional de la Ruta de los Siete Lagos en un producto turístico capaz de generar actividad durante doce meses.
Y quizá allí esté una de las curiosidades más interesantes de Lago Hermoso: en lugar de intentar convertirse rápidamente en otro gran centro de esquí patagónico, su construcción parece avanzar alrededor de una idea más contemporánea del turismo de montaña.
Aprender a esquiar por primera vez. Subir en moto de nieve. Almorzar frente a la Cordillera. Hacer una cabalgata sobre la nieve. Dormir en un shelter en altura. Despertarse y volver a ponerse los esquís.
En definitiva, hacer que la montaña deje de ser solamente el escenario de una actividad para convertirse en la experiencia completa.











