La pareja argentino-estadounidense que hace más de una década lleva viajeros de todo el mundo a la Antártida

Gabriel Chocron y Sarah Scott, fundadores de Freestyle Adventure Travel, repasan más de una década dedicados a los cruceros de expedición: cómo cambió el mercado antártico, quién viaja hoy, qué explica las diferencias de precio y por qué el Ártico y Galápagos aparecen como el paso siguiente.

En febrero de 2011, Sarah Scott llegó a Ushuaia con un grupo de amigos estadounidenses. Había venido a la Argentina a mejorar su español. Se hospedó en un hostel llamado Freestyle. Ahí, detrás del front desk, conoció a Gabriel Chocron, un fueguino cuya familia manejaba el lugar. Unos meses después, él la invitó a pasar el verano en el fin del mundo.

Ese verano ella empezó a vender viajes a la Antártida de hostel en hostel. Él era contador y ya no quería seguir con los números. En marzo de 2013 nació Freestyle Adventure Travel, una agencia que desde Ushuaia apostó por un producto que por entonces pocos conocían: los cruceros de expedición antárticos. Casi trece temporadas después, vieron al negocio pasar de los viejos barcos científicos rusos con camas cucheta a barcos con spa, balcones y hasta submarinos.

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El equipo de Freestyle Adventure en sus oficinas en Ushuaia

¿Cómo fueron los primeros años? ¿Qué vieron en el mercado antártico y cómo era vender la Antártida cuando todavía era un producto mucho menos conocido?

Gabriel: El crecimiento fue muy paulatino. Cuando empezamos eran barcos chicos y sin lujos. Muchos eran barcos rusos de investigación científica adaptados para llevar pasajeros, con baño compartido y camas cucheta. No eran incómodos, pero no eran cruceros. Eso no existía.

Sarah: Las redes sociales casi no existían, y la Antártida era un destino poco conocido. Quien viajaba buscaba una expedición, no tachar un destino más de la lista. Cuando trabajábamos en los barcos, en 2012 y 2013, se notaba que todos los pasajeros habían leído sobre Shackleton y sobre los animales. No les importaba el Drake ni qué cabina les tocaba. Querían estar ahí y hacerlo todo: excursiones largas, caminatas largas.

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Febrero y Marzo suelen ser los mejores meses para avistamientos de ballenas en la Antártida

Llevan años viendo crecer este mercado desde Ushuaia. ¿Cuánto cambió el negocio de los cruceros de expedición? ¿Pasó de ser un producto extremadamente de nicho a una categoría turística mucho más instalada?

Poco a poco empezaron a llegar barcos con más lujo: estabilizadores, balcones, spa. Después aparecieron barcos un poco más grandes, con más actividades y más foco en la comida y los amenities. Con más empresas, barcos mejor preparados y más difusión, los precios se fueron acomodando y cada vez más gente se sumó.

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La pandemia fue un corte abrupto, y después vino la explosión. Durante ese tiempo sin viajes, las empresas hicieron todo el marketing que pudieron para estar listas, y cuando volvió la temporada, explotó. Según IAATO, hoy son más de 100.000 los visitantes por temporada. El crecimiento fue enorme.

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Gabriel Chocrón y Sarah Scott

¿Quién compra hoy un viaje a la Antártida? ¿Qué diferencias encuentran entre un viajero estadounidense, europeo, latinoamericano o asiático?

Hoy el viajero antártico es mayormente estadounidense y ronda los 60 años. Nosotros les decimos gutsy grey hairs, algo así como “canosos audaces”: gente más grande que tiene ganas de hacer un viaje fuera de lo convencional. Después vienen Europa, Asia y Australia.

El cliente típico quiere comodidad y un poco de lujo, pero también hacer kayak o acampar. Busca un equilibrio. El viajero asiático quiere que la cabina tenga balcón y no le interesan tanto las actividades. El europeo está en el medio: la cabina le importa menos y las actividades, más.

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Lo que cambió es que hoy todos se preocupan más por cómo va a ser el cruce del Drake, cómo es la cabina y qué amenities hay a bordo. Algunos barcos básicos que antes vendíamos mucho hoy cuestan más.

¿Y qué lugar ocupa Argentina? ¿Hay realmente un mercado argentino?

Todas las temporadas viajan algunos argentinos, y cada año hay un poco más de consultas. Lo que siempre explicamos es que la mayoría de los operadores son extranjeros y a bordo todo se hace en inglés, algo que a veces incomoda. Por eso trabajamos mucho con una empresa que tiene un barco chiquito y muy lindo, donde todo el staff habla español y casi todas las charlas son en español. Creo que, poco a poco, los argentinos vamos a ir visitando más la Antártida.

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Islas Malvinas, la escala que también despierta interés

Además de la Antártida, las islas Malvinas atraen a viajeros argentinos y de otros países. Muchos operadores las incluyen en sus itinerarios como una parada de dos a cuatro días, dentro de viajes que pueden sumar las Georgias del Sur, o las Georgias del Sur y la Antártida.

Durante esos días los pasajeros duermen siempre a bordo de la embarcación y recorren distintos puntos del archipiélago. El foco está puesto en la naturaleza más que en la historia: se visita Puerto Argentino durante unas horas y después se hacen desembarcos en otros sitios de interés natural, que pueden cambiar según el clima.

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Muelle de una estancia en las Islas Malvinas
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Puerto Argentino, Islas Malvinas
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Los desembarcos en las islas Malvinas tienen como la naturaleza como principal foco. Se visitan colonias de aves principalmente

Desde Freestyle estamos realizando un trabajo para poder llegar con itinerarios y mejores precios para los argentinos que quieran conocer esta región.

Cuando alguien les dice “quiero conocer la Antártida”, ¿qué variables tienen que entender antes de recomendarle un viaje?

Lo primero es el tiempo. El viaje clásico desde Ushuaia dura diez días y deja cuatro para explorar la Antártida. También están los que salen de Punta Arenas y cruzan en avión: duran unos siete días, pero son bastante más caros.

Pensar en el tiempo también es pensar en qué querés ver. Si querés ver las seis especies de pingüinos del recorrido, recomendamos el viaje largo de unos 20 días, que suma las islas Malvinas y las Georgias del Sur.

Después preguntamos en qué época quieren ir, y casi siempre nos responden: “¿Cuál es el mejor momento?”. La respuesta es que depende de qué quieras ver. Luego vienen el presupuesto, el tipo de barco (uno chico o uno de 200 pasajeros), el servicio, la cabina y qué tan importantes son las actividades. Con eso ya sabemos qué viaje recomendar.

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Freestyle Adventure es la agencia de cruceros de expedición a la Antártida que más ha crecido en la región

Hoy hay viajes a la Península Antártica por alrededor de USD 7.000 y otros que cuestan varias veces ese valor. ¿Qué explica semejante diferencia?

Primero, el barco. No es lo mismo un barco antiguo, chico y expedicionario, con pocos amenities, que uno con spa y gimnasio, o uno de los nuevos, que tienen estabilizadores y navegan más tranquilos. Segundo, la duración: los diez días clásicos no se comparan con un viaje largo a Malvinas y Georgias del Sur. Tercero, los servicios: la comida, el tamaño de la cabina y los extras.

Visitamos barcos con submarino propio que venden la excursión aparte. Hay viajes que usan helicópteros para llevarte a ver pingüinos emperador en la isla Snow Hill. Y otros incluyen un vuelo chárter de Buenos Aires a Ushuaia. Confort, tiempo y tipo de barco: eso es lo que mueve el precio.

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Sarah Scott en una de las tantas colonias de pingüinos rey en las islas Georgias del Sur

Ushuaia tuvo fama por las oportunidades de último minuto. ¿Eso sigue existiendo? ¿Cuál es hoy la mejor estrategia para viajar gastando lo menos posible?

Sí, todavía hay muy buenas ofertas de último minuto, pero cambió la forma de conseguirlas. Antes tenías que venir a Ushuaia y esperar un barco. Hoy las empresas lanzan ofertas privadas dos o tres meses antes de la salida. Se las mandan a algunas agencias, que no pueden publicarlas pero sí enviarlas a su lista de clientes. Por eso, el mejor consejo es anotarse en las listas de las agencias que trabajan con último minuto.

Hoy es común que los barcos se llenen un mes antes con esas ofertas. Si aparecés en Ushuaia queriendo salir en unos días, puede que no haya lugar. Así que no recomendamos venir a esperar.

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Recibimos muchos mails del tipo: “Voy a viajar por Sudamérica, viajo solo, no me importa compartir cabina. Avisame si aparece algo por menos de 6.500 dólares”. Cargamos ese pedido y, cuando aparece algo que encaja, le avisamos. Nos ocupamos del pago, los papeles y los seguros, y el pasajero solo tiene que llegar a Ushuaia uno o dos días antes.

El momento más barato suele ser noviembre, al comienzo de la temporada. La Antártida está virgen y hermosa, con mucha nieve y mucho hielo, y los pingüinos empiezan a armar sus nidos.

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En el otro extremo aparecen experiencias como vuelos privados, campamentos de lujo o viajes al Polo Sur. White Desert publica programas que pueden superar los USD 100.000 por persona. ¿Quién compra ese producto y qué ofrece que no ofrezca un crucero?

Es otro mercado y otro público. Son viajes que salen de Sudáfrica y vuelan al otro lado del continente, a campamentos de lujo desde donde podés visitar colonias de pingüinos emperador o incluso llegar en avión al Polo Sur. Son muy exclusivos, para muy poca gente: te muestran una Antártida que conoce solo el 1%.

Estas empresas también dan la logística para escalar el monte Vinson, el pico más alto de la Antártida, o para llegar al Polo Sur caminando o esquiando. Es muy de nicho. Se parece a lo que era el Everest cuando subía muy poca gente y unas pocas empresas chicas se ocupaban de la logística.

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Campamento en la Antártida, a cargo de la empresa White Dessert. El costo de los paquetes ronda entre los USD60.0000 hasta los USD150.000

Hay cada vez más barcos y categorías muy distintas: barcos pequeños, clásicos de expedición, veleros, barcos con helicópteros, submarinos o suites de lujo. ¿El barco puede cambiar completamente la experiencia?

Sarah: Totalmente. Hoy hay opciones que no existían hace seis años. Nosotros nos enfocamos en barcos de 200 pasajeros o menos, porque pueden hacer dos desembarcos por día. En uno de 450 o 500 pasajeros, seguramente bajes una sola vez, y los de más de 500 no pueden desembarcar: solo se mira desde a bordo. Las reglas permiten que haya hasta 100 personas en tierra al mismo tiempo, así que 100 es un número mágico: un barco más chico puede bajar a todos sus pasajeros cada vez.

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Los desembarcos se realizan en zodiacs, pequeñas embarcaciones que permiten recorrer fácilmente la geografía antártida

Gabriel: Igual, depende de lo que busque cada uno. No es lo mismo un velero, con cinco o seis pasajeros y tres tripulantes, que un barco de 199 pasajeros. Hay quien prefiere esa intimidad aunque resigne comodidad, y hay quien quiere bajar, disfrutar y volver a un barco mucho más cómodo. Para la mayoría es un viaje que se hace una sola vez. Por eso le pedimos a cada cliente que nos cuente cómo sería su viaje perfecto, y nosotros buscamos el barco que mejor le queda.

Después de especializarse en la Antártida empezaron a incorporar el Ártico. ¿Qué diferencias hay entre los dos destinos? ¿Qué tipo de viajero elegiría Groenlandia, Svalbard o el Ártico canadiense?

No es uno o el otro. Una vez que hacés la Antártida te enganchás con este tipo de viajes, que además de remotos son muy educativos, con charlas todo el tiempo. Y como la mayoría de los barcos y operadores con los que trabajamos pasan el verano del norte en el Ártico, fue natural sumarlo: mismas empresas, mismo formato, con zodiacs, trekking y charlas. Mucha gente hace la Antártida y después el Ártico, o al revés. Es el mismo viajero: busca aventura, lugares remotos y aprender.

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Sara Scott junto a su madre en las islas Georgias del Sur

La diferencia está en lo que ves. En la Antártida no hay comunidades ni otras personas, y todo gira alrededor de la fauna: pingüinos, ballenas y focas.

En el Ártico, lo que más se busca es el oso polar, y Svalbard, el archipiélago noruego, es uno de los destinos más pedidos para verlo. Groenlandia y el Ártico canadiense suman además la parte cultural: comunidades aisladas que conservan muchas de sus tradiciones.

En estos cruceros se visitan pueblos aislados de Groenlandia, con pequeñas comunidades que todavía no reciben turismo masivo y la experiencia es fascinante. Pequeños asentamientos rodeados de hielo que viven literalmente aislados, y que se alegran que lleguen personas a visitarlos.

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Gabriel Chocrón en un partido junto a un grupo de niños en un pueblo groenlandés

También aparecen nuevas fronteras, como Galápagos. ¿Hasta dónde puede crecer esta categoría y qué destinos van a ganar protagonismo?

Justo nos pasó con Galápagos. Varias de las empresas con las que trabajamos en la Antártida también operan ahí y nos pidieron que las ayudáramos a venderlo. Acabamos de volver de un viaje para conocerlo. No tiene nada que ver con la Antártida ni con el Ártico, pero el formato es muy parecido: un catamarán chico y un guía que da charlas sobre los animales, la geología y la historia. Son viajes activos, de fauna y de aprendizaje.

El pasajero también es parecido. Muchos de los que viajaron con nosotros después nos piden Galápagos. Además, el barco de expedición se volvió muy popular y empezó a ir a destinos menos extremos, con viajes más culturales, por ejemplo en Europa, en barcos chicos y no en grandes cruceros. Ahora nos estamos animando a sumar algunos de esos destinos.

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Freestyle trabaja con muchas navieras. ¿Cómo eligen con qué operadores trabajar? ¿Qué pesa más: seguridad, barco, equipo, itinerario, sostenibilidad, precio?

Lo primero es la seguridad. No vas a ofrecer un producto si no sabés que cumple con lo mínimo y que tiene el respaldo necesario para operar en la Antártida. Somos miembros de IAATO, la asociación que reúne a los operadores antárticos, y trabajamos solo con barcos que forman parte de ella. IAATO fija las reglas de las visitas: cómo desembarcar, cómo acercarse a la fauna y cómo comportarse. Cuando aparece un operador nuevo, esperamos a que IAATO lo apruebe antes de venderlo. Esta temporada, por ejemplo, se suman algunas empresas que ya fueron aprobadas en la reunión de abril.

Todo está regulado: no puede haber más de 100 personas en tierra a la vez, algunos sitios tienen límites, hay una distancia mínima con los animales y cada barco tiene definido dónde puede desembarcar.

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Algunas empresas que viajan a los polos tienen programas de ciencia a bordo donde apoyan proyectos de investigación científica asociados a estas regiones

También se trabaja mucho en combustibles y residuos, con barcos que usan energías más limpias y tratan su basura a bordo. Es uno de los cambios más positivos: la industria crece con más conciencia ambiental.

Cada vez más personas quieren visitar algunos de los lugares más frágiles del planeta. ¿Cómo puede crecer el turismo de expedición sin transformar lo que hace extraordinarios a estos destinos?

Hay que partir de una base: si hay gente yendo a la Antártida, hay impacto. Un barco quema combustible, y la gente pisa el suelo y tiene contacto con la fauna. Lo que aprendimos en estas casi 13 temporadas es que el reglamento de IAATO cambia todos los años, siempre para reducir ese impacto.

Hay reglas sobre cómo y qué se baja a tierra. Antes de llegar se hacen controles de bioseguridad: te obligan a limpiar la campera, la mochila, el trípode y las botas, y te dan cepillos y aspiradoras para que no lleves nada de afuera. Son muchas cosas chiquitas que suman. Los operadores también mejoran cada temporada, por ejemplo en el consumo de los motores de los zodiacs. Se hace un muy buen trabajo para impactar lo menos posible.

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La actividad de Kayak es una de las experiencias más solicitadas por los pasajeros que viajan a la Antártida

Después de construir una empresa alrededor de la Antártida y extenderla hacia otros destinos remotos, ¿cómo imaginan Freestyle dentro de cinco o diez años?

Gabriel: Vamos a seguir especializándonos en las regiones polares, sobre todo en la Antártida, por nuestra relación con Ushuaia. Creo que hoy estamos en nuestro mejor momento como empresa y el más organizado. Tenemos un equipo muy eficiente y muy cercano a los clientes, un área de marketing, ventas, asistencia al pasajero y un front desk con dos personas atendiendo el teléfono todo el tiempo. Con Sarita nunca lo terminamos de dimensionar: fue como una bola de nieve que nos fue llevando a armar cada área. La idea es seguir siendo especialistas en lo polar y, como nos pasó con Galápagos, sumar destinos relacionados, para ofrecerles a los clientes una red de viajes conectados entre sí.

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Sarah: A lo largo de los años elegimos no crecer demasiado, para seguir enfocados en lo que conocemos y nos apasiona, que son las regiones polares. Crecimos poco a poco a propósito, y hoy estamos orgullosos del equipo y de la empresa que armamos. Queremos expandirnos un poquito, pero hacia destinos que conocemos, que se relacionan con lo que hacemos y en los que podamos dar el mismo servicio y la misma información que hoy damos con la Antártida.

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