Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay forman parte de Jaguar Rivers, una iniciativa que busca restaurar y conectar ecosistemas a lo largo de la Cuenca del Paraná. El proyecto combina conservación, recuperación de fauna, participación de comunidades y un modelo de desarrollo en el que el turismo de naturaleza podría ocupar un papel cada vez más importante.
Cuatro organizaciones sudamericanas dedicadas a la conservación presentaron en Buenos Aires Jaguar Rivers —Ríos del Yaguareté—, una iniciativa transnacional que busca restaurar, proteger y volver a conectar los ecosistemas de la Cuenca del Paraná.
El proyecto reúne a Fundación Rewilding Argentina, Onçafari, de Brasil; NATIVA, de Bolivia; y Fundación Moisés Bertoni, de Paraguay, con el acompañamiento de Tompkins Conservation. Su presentación en Argentina se realizó en el MALBA ante representantes de gobiernos, organizaciones ambientales y prensa.

La escala es uno de los aspectos que diferencia a la propuesta. La iniciativa apunta sobre una cuenca que se extiende a lo largo de cuatro países y cubre cerca de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, buscando conectar territorios naturales que actualmente se encuentran fragmentados.
Conectar áreas naturales más allá de las fronteras
El planteo de Jaguar Rivers parte de una idea relativamente simple: para conservar grandes especies y ecosistemas no alcanza con proteger territorios aislados.
Por eso, el proyecto propone desarrollar una red integrada por “arcas” de vida silvestre, es decir, grandes áreas protegidas con poblaciones saludables de fauna; espacios intermedios que permitan que los animales se desplacen entre ellas; y paisajes donde la conservación pueda convivir con otras actividades productivas.

Los propios ríos y sus bosques ribereños funcionarían como corredores naturales que permitan reconectar ecosistemas hoy separados por actividades humanas, infraestructura o cambios en el uso del suelo.
La propuesta cobra especial relevancia en una región sometida a distintas presiones ambientales, entre ellas la deforestación, la contaminación, la transformación de humedales y bosques y la fragmentación provocada por infraestructura y represas.
El contexto regional tampoco es menor. Según el Informe Planeta Vivo 2024 de WWF, América Latina y el Caribe registraron entre 1970 y 2020 una caída promedio del 95% en el tamaño de las poblaciones monitoreadas de fauna silvestre, la disminución más pronunciada entre todas las regiones estudiadas.
Del rewilding al desarrollo turístico
Uno de los aspectos más interesantes de Jaguar Rivers para la industria turística es que la iniciativa no plantea a la conservación como una actividad separada del desarrollo económico.
Parte de la experiencia acumulada durante años por las cuatro organizaciones consiste justamente en intentar transformar la presencia de naturaleza y fauna silvestre en un activo para las comunidades cercanas.
El caso de Iberá, en Corrientes, es probablemente el ejemplo más avanzado dentro de Argentina.
Allí, el proceso de rewilding permitió recuperar especies que habían desaparecido del ecosistema, entre ellas el oso hormiguero gigante, el guacamayo rojo, la nutria gigante y el yaguareté. En 2026, Rewilding Argentina estima que existen al menos 50 yaguaretés viviendo en libertad en el Parque Iberá.
Pero el proyecto no se limitó a la recuperación de fauna.
Alrededor del Gran Parque Iberá se desarrollaron portales de acceso, circuitos, gastronomía, alojamientos, actividades de observación de fauna y emprendimientos vinculados al turismo. La denominada Ruta Escénica Iberá supera los 1.000 kilómetros y conecta siete localidades y diez portales de acceso, buscando distribuir entre las comunidades los beneficios generados por el turismo de naturaleza.
El modelo incluso derivó en capacitaciones para emprendedores, formación de guías y asociaciones como Cocineros del Iberá y Artesanos del Iberá.
Jaguar Rivers pretende llevar esa lógica a una escala mucho mayor.

Cuatro organizaciones y experiencias diferentes
Cada una de las instituciones que integra el proyecto aporta experiencia en distintos modelos de conservación y desarrollo territorial.
Rewilding Argentina trabaja desde hace 25 años en restauración de ecosistemas y reintroducción de especies. Dentro de Jaguar Rivers, la organización destaca que su trabajo permitió desarrollar cuatro destinos vinculados al turismo de observación de fauna y ejecutar más de 17 proyectos de reintroducción y translocación.


En Brasil, Onçafari desarrolló buena parte de su experiencia en el Pantanal, trabajando en conservación del yaguareté, corredores ecológicos, convivencia con productores y turismo de observación de fauna.
NATIVA, por su parte, aporta más de dos décadas de experiencia en Bolivia, especialmente en áreas protegidas y modelos de gobernanza junto con comunidades indígenas.
Mientras que la Fundación Moisés Bertoni, con 35 años de trayectoria en Paraguay, trabaja en conservación del Bosque Atlántico y cuenta con experiencia en proyectos que involucran al sector privado y organismos internacionales.
La intención es utilizar esos modelos como piezas complementarias de una estrategia regional.
Un proyecto pensado a 20 años
Jaguar Rivers plantea un horizonte inicial de 20 años para avanzar en la construcción de una red de paisajes restaurados y conectados entre Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay.
El objetivo final es que las poblaciones de especies puedan volver a desplazarse entre diferentes territorios y que aquellas que desaparecieron de determinadas regiones puedan recuperarse mediante procesos naturales o acciones de reintroducción y translocación.
El yaguareté funciona como especie emblemática del proyecto, pero la iniciativa apunta a beneficiar a ecosistemas completos y a numerosas especies que dependen de esos mismos corredores.
“Enfrentamos una grave crisis climática y de biodiversidad. Esta iniciativa subraya la necesidad de actuar a mayor escala antes de que sea demasiado tarde”, señaló Kris Tompkins, presidenta de Tompkins Conservation, durante la presentación del proyecto.

Para el turismo, el desafío abre además una discusión cada vez más presente dentro del sector: qué papel puede cumplir la actividad turística en la financiación de la conservación y en la generación de valor económico alrededor de ecosistemas recuperados.
La experiencia de Iberá demuestra que la recuperación de fauna puede modificar también el posicionamiento turístico de un territorio. Jaguar Rivers intentará ahora trasladar esa lógica desde destinos individuales hacia una red continental que atraviesa cuatro países y algunos de los ecosistemas más importantes de Sudamérica.











