Después de 119 años, un ancestro vuelve a casa

La restitución del niño hallado en el Nevado de Chañi reabre el debate sobre la deuda histórica de museos y Estados con los pueblos originarios

Después de más de un siglo, el cuerpo de un niño de cinco años encontrado en el Nevado de Chañi será finalmente restituido a las comunidades originarias de Jujuy. La decisión, aprobada oficialmente en 2024 por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, representa mucho más que un traslado ceremonial: es un gesto de reparación histórica hacia un pueblo que reclamó durante décadas el regreso de uno de sus ancestros.

La restitución fue impulsada por la Comunidad indígena El Angosto de El Moreno, que nunca dejó de exigir que el niño —extraído de su territorio a comienzos del siglo XX— regresara a su lugar de origen junto al ajuar ceremonial que lo acompañaba.

El próximo 27 de mayo se realizará en Buenos Aires la ceremonia oficial de despedida. A las 17 se hará la entrega formal con la firma del acta de restitución y una hora más tarde tendrá lugar una ceremonia espiritual de acompañamiento del ancestro. Al día siguiente, en la plaza Toribio Flores de El Moreno, la comunidad llevará adelante un nuevo encuentro ceremonial y comunitario para recibirlo.

No era una pieza arqueológica: era un ancestro

Durante décadas, el cuerpo permaneció bajo custodia académica y museística. Pero para la comunidad originaria nunca fue un “objeto de estudio”. Siempre fue un niño perteneciente a su historia, a su memoria colectiva y a su espiritualidad.

Esa diferencia de mirada es central para entender por qué esta restitución tiene tanto peso simbólico. Durante buena parte del siglo XX, las instituciones científicas y culturales naturalizaron la extracción de cuerpos indígenas, objetos funerarios y piezas ceremoniales para investigación o exhibición. La lógica era colonial: convertir culturas vivas en patrimonio observado desde afuera.

La ciencia avanzó muchas veces sin preguntarse si esos restos tenían descendientes, significado religioso o un valor sagrado para las comunidades de origen. Y así, miles de cuerpos y objetos terminaron almacenados en depósitos universitarios y vitrinas de museos lejos de los territorios a los que pertenecían.

La restitución del niño del Nevado de Chañi rompe parcialmente con esa historia. Reconoce algo fundamental: que las comunidades originarias tienen derecho sobre sus ancestros y sobre la manera en que su memoria debe ser preservada.

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Una deuda que atraviesa al mundo

El caso de Jujuy no es aislado. En distintos países crece desde hace años el reclamo para que museos y gobiernos restituyan restos humanos y bienes culturales obtenidos durante procesos de colonización, saqueo o apropiación desigual.

El Museo Británico continúa bajo presión internacional para devolver a Grecia los mármoles del Partenón. Alemania y Francia comenzaron procesos de restitución de piezas africanas obtenidas durante el colonialismo europeo. En Estados Unidos, universidades y museos debieron devolver restos indígenas gracias a leyes impulsadas por pueblos originarios. Incluso momias egipcias y objetos funerarios siguen siendo exhibidos en Europa lejos de los territorios donde fueron encontrados.

El debate es profundo y todavía incomoda a muchas instituciones: ¿quién tiene derecho a custodiar la memoria de una cultura? ¿Puede un museo apropiarse de elementos sagrados en nombre de la ciencia o del patrimonio universal?

Durante siglos, Occidente respondió que sí. Hoy, cada restitución demuestra que esa mirada empieza a resquebrajarse.

El desafío de revisar la historia

Los museos cumplen un rol indispensable en la conservación histórica y cultural. Pero también enfrentan un desafío inevitable: revisar críticamente el origen de muchas de sus colecciones.

Porque detrás de numerosas piezas exhibidas existe una historia de desigualdad, saqueo o violencia colonial. Y detrás de cada restitución no hay una pérdida patrimonial, sino la posibilidad de construir una relación más ética con el pasado.

La devolución del niño hallado en el Nevado de Chañi no cambia lo ocurrido hace 119 años. Pero sí cambia algo en el presente. Reconoce la voz de quienes durante décadas fueron ignorados y obliga a mirar de frente una deuda histórica que todavía atraviesa a gran parte del mundo.

Quizás ahí radique el verdadero valor de este gesto: entender que algunos cuerpos nunca debieron haber estado en una vitrina.

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