La marcha recorrió el centro de la capital de Mallorca bajo el lema “Mallorca al límite”. Los manifestantes denunciaron el impacto del actual modelo turístico sobre la vivienda, los servicios públicos, el territorio y la vida cotidiana de los residentes.
Decenas de miles de personas salieron este domingo 26 de julio a las calles de Palma de Mallorca para exigir un cambio en el modelo turístico de la isla. La movilización, considerada la más multitudinaria realizada hasta ahora en Mallorca contra la masificación, reunió a unas 25.000 personas según la Policía Nacional y a alrededor de 70.000 de acuerdo con los organizadores.
La marcha fue convocada por la plataforma Menys Turisme, Més Vida —“Menos Turismo, Más Vida”— junto con más de un centenar de organizaciones sociales, ambientales, vecinales, sindicales y agrarias. Bajo el lema “Mallorca al límite”, la manifestación comenzó en la plaza de España y atravesó algunas de las principales calles del centro de Palma hasta la zona de la Catedral y el Parc de la Mar.

Los reclamos estuvieron dirigidos principalmente contra la dependencia económica del turismo, el crecimiento de las plazas de alojamiento, la presión inmobiliaria y la saturación de los servicios y espacios públicos. Entre las consignas más repetidas aparecieron “Mallorca no se vende, se defiende”, “Turismo sí, pero no así” y pedidos concretos de un decrecimiento en la cantidad de visitantes que recibe la isla.
Uno de los puntos centrales fue la vivienda. Los convocantes sostienen que el aumento del alquiler turístico, la compra de propiedades como inversión y el crecimiento de la demanda temporal están expulsando a residentes de determinadas zonas y elevando los precios por encima de los salarios locales.
La protesta no planteó una eliminación total de la actividad turística, sino una reducción de su escala y una transformación del modelo. Los organizadores reclamaron limitar las plazas turísticas, restringir los alquileres vacacionales, proteger el territorio y diversificar una economía que consideran excesivamente dependiente de la llegada de visitantes.
Una isla que vuelve a batir récords
La movilización se produjo después de otro año de cifras históricas para el turismo. En 2025, las Islas Baleares recibieron aproximadamente 15,7 millones de turistas internacionales, un 2,6% más que durante 2024, según los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística de España. Si se suman viajeros procedentes del resto del país y otros tipos de visitantes, las estadísticas utilizadas por medios y autoridades locales sitúan el movimiento turístico total de las islas cerca de los 19 millones.
La tensión alrededor del crecimiento turístico no es nueva. Esta fue la tercera gran movilización consecutiva realizada en Palma durante los últimos años, aunque la convocatoria de este domingo superó ampliamente a las anteriores. Protestas similares se han desarrollado en otros destinos españoles como Barcelona, Canarias, Málaga y San Sebastián, donde los residentes también reclaman medidas frente al encarecimiento de la vivienda, la saturación urbana y la pérdida de comercios y servicios orientados a la población local.
La discusión refleja una contradicción cada vez más visible en los destinos turísticos europeos: mientras la llegada de visitantes genera empleo, consumo e ingresos fiscales, una parte de la población denuncia que el crecimiento sin límites también produce costos sociales, ambientales y territoriales difíciles de sostener.
Incidentes al finalizar la marcha
La mayor parte de la manifestación se desarrolló de manera pacífica, aunque el cierre estuvo marcado por momentos de tensión. El conflicto comenzó cuando un cordón policial restringió el acceso a Ses Voltes, el espacio donde estaba prevista la lectura del manifiesto, debido a que el recinto tenía un aforo autorizado de aproximadamente 2.000 personas.
Ante la imposibilidad de ingresar, una parte de los asistentes se desplazó hacia el Parc de la Mar. Posteriormente se produjeron lanzamientos de objetos por parte de un grupo de manifestantes y varias cargas de la Policía Nacional, que utilizó bastones y pelotas de goma. Los servicios sanitarios atendieron al menos a ocho personas y dos de ellas fueron trasladadas a centros hospitalarios con heridas leves.

La Policía Nacional aseguró que intervino ante la presencia de un grupo de unas 200 personas que actuaba de manera agresiva. Sin embargo, partidos políticos, organizaciones participantes y autoridades del archipiélago cuestionaron la proporcionalidad de la respuesta.
El delegado del Gobierno en Baleares, Alfonso Rodríguez, calificó posteriormente la actuación policial como “inaceptable” y anunció una investigación para determinar qué ocurrió y quién ordenó las cargas. Desde el Govern balear y la Secretaría de Estado de Turismo también reclamaron explicaciones.
Más allá de los incidentes finales, la dimensión de la convocatoria volvió a colocar a Mallorca en el centro del debate europeo sobre la turistificación. La discusión ya no gira únicamente alrededor de cuántos turistas puede recibir un destino, sino de cómo distribuir los beneficios de la actividad y qué límites son necesarios para que quienes viven allí puedan seguir accediendo a una vivienda, utilizar los servicios públicos y habitar sus ciudades durante todo el año.











