La catástrofe ocurrida entre Nepal y el Tíbet volvió a poner bajo los reflectores uno de los fenómenos naturales más violentos y difíciles de anticipar de las regiones de montaña: las inundaciones repentinas asociadas al colapso de glaciares y lagos glaciares, conocidas como GLOF.
Y aunque el Himalaya parece estar a un mundo de distancia, en la Patagonia argentina existe un escenario que los científicos vienen estudiando desde hace años y que toca de cerca a uno de los destinos turísticos más famosos del país: El Chaltén.
Una investigación publicada en 2025 modeló qué ocurriría si una gran masa de roca de la ladera norte del Cerro Solo cayera sobre la Laguna Torre. El impacto podría generar una ola dentro del lago, provocar un desborde y enviar una crecida extraordinaria por el río Fitz Roy en dirección a El Chaltén.
La posibilidad no significa que una catástrofe sea inminente ni permite afirmar que vaya a ocurrir. Pero sí implica algo relevante: el riesgo existe, está identificado científicamente y actualmente se discuten medidas de monitoreo y alerta temprana en la localidad.
Qué pasó en Nepal y por qué se habla de un GLOF
El desastre registrado en la frontera entre Nepal y el Tíbet habría comenzado con el desprendimiento de una enorme masa de hielo a unos 5.200 metros de altura. El material cayó violentamente por el valle, incorporó agua, rocas y sedimentos y terminó convirtiéndose en un flujo de enorme poder destructivo que arrasó localidades e infraestructura río abajo.
Inicialmente, el fenómeno fue confundido con un terremoto debido a que el colapso produjo una señal sísmica equivalente a un evento de magnitud 5,2. El Servicio Geológico de Estados Unidos concluyó posteriormente que la señal correspondía al colapso glaciar y al flujo de escombros.

En las primeras horas se difundió ampliamente la hipótesis de que se trató de un GLOF, sigla en inglés de Glacial Lake Outburst Flood, es decir, una inundación provocada por el vaciamiento repentino de un lago glaciar.
Sin embargo, el mecanismo exacto del desastre todavía estaba siendo reconstruido: algunos especialistas señalaron que no se observaban grandes lagos glaciares en el punto inicial del colapso y que parte del agua podría haber estado almacenada dentro o debajo del glaciar.
La distinción es importante. No todos los desastres causados por glaciares son técnicamente GLOF, aunque pueden producir consecuencias muy parecidas: una masa súbita de agua, hielo, barro y rocas avanzando valle abajo a enorme velocidad.
El escenario que preocupa en El Chaltén
A unos 10 kilómetros en línea recta del centro de El Chaltén se encuentra Laguna Torre, formada frente al glaciar del mismo nombre y ubicada en uno de los circuitos de trekking más visitados de la Patagonia.
Sobre una de sus márgenes, la ladera norte del Cerro Solo presenta una zona de inestabilidad geológica que viene siendo estudiada desde hace años.
El retroceso de los glaciares puede desestabilizar paredes montañosas que durante mucho tiempo estuvieron sostenidas o confinadas por el hielo. Cuando ese hielo desaparece, las laderas quedan expuestas a nuevos esfuerzos y pueden producirse grandes movimientos de masa.
Ese es precisamente el escenario analizado por investigadores argentinos.
Un trabajo encabezado por Daniela Schmidt y Diego Winocur, junto con Pierre Pitte y Anahí Benitez, fue publicado en 2025 en el Journal of South American Earth Sciences. Los científicos estudiaron qué ocurriría si parte de la ladera del Cerro Solo colapsara abruptamente dentro de Laguna Torre.
La caída generaría una ola dentro del lago. Si esa ola superara sus márgenes y provocara una descarga importante, el agua ingresaría al río Fitz Roy, que conecta directamente el valle de Laguna Torre con El Chaltén.
Los investigadores simularon dos escenarios de vaciamiento, con caudales máximos estimados de aproximadamente 1.166 y 1.769 metros cúbicos por segundo. Luego utilizaron un modelo hidrodinámico para estudiar cómo se desplazaría esa crecida río abajo.
Para poner esas cifras en contexto, se trata de volúmenes de agua extraordinariamente elevados para un río de montaña.
El objetivo del trabajo fue evaluar qué sectores podrían inundarse, con qué profundidad y a qué velocidad podría circular el agua.
Entonces, ¿puede ocurrir algo parecido a Nepal en El Chaltén?
La respuesta más precisa es: sí existe un mecanismo capaz de producir una inundación glaciar súbita en El Chaltén, pero actualmente no existe una base científica para decir que sea inminente ni para asignarle una probabilidad concreta de ocurrencia en los próximos años.
El escenario patagónico, además, no sería necesariamente idéntico al de Nepal.
En Laguna Torre, la hipótesis principal estudiada es una cadena de acontecimientos muy específica:
deslizamiento en Cerro Solo → impacto sobre Laguna Torre → generación de una gran ola → desborde del lago → crecida extraordinaria del río Fitz Roy → posibles inundaciones aguas abajo.

La investigación de 2025 describe el estudio como un análisis preliminar destinado a comprender la magnitud potencial del fenómeno y mejorar la planificación ante una eventual emergencia.
Esto significa que hablar de una “bomba de tiempo” o asegurar que El Chaltén sufrirá una catástrofe sería exagerado.
Pero ignorar el peligro también sería incorrecto.
El riesgo ya pasó del laboratorio a la agenda local
Durante julio de 2026, investigadores del Instituto de Estudios Andinos de la UBA-CONICET presentaron en El Chaltén las últimas actualizaciones sobre el riesgo asociado a Laguna Torre.
El encuentro reunió a vecinos, autoridades del Parque Nacional Los Glaciares, prestadores turísticos e instituciones gubernamentales.

Uno de los puntos centrales fue avanzar sobre tres medidas concretas: monitorear en tiempo real la ladera norte del Cerro Solo y el río Fitz Roy, desarrollar un sistema de alerta temprana y establecer un protocolo de emergencia.
Es probablemente el dato más importante para comprender el nivel actual de preocupación científica: no se está evacuando El Chaltén ni se considera que un colapso sea inminente, pero sí existe evidencia suficiente como para discutir mecanismos de vigilancia y respuesta.
Patagonia ya tiene antecedentes de GLOF
Tampoco se trata de un fenómeno hipotético para la región.
Un estudio publicado en Science of the Total Environment inventarió 71 GLOF históricos en los Andes patagónicos y encontró que alrededor del 40% ocurrió desde comienzos del siglo XXI. Los investigadores analizaron además 702 lagos relacionados con glaciares en una franja de la Patagonia entre aproximadamente los 41,5° y 47° de latitud sur.
El mismo trabajo identificó tres subregiones con características compatibles con una elevada peligrosidad futura.
Pero los científicos hacen una aclaración importante: el aumento reciente de estos eventos no puede atribuirse automáticamente y en todos los casos al cambio climático.
La relación es compleja.
El retroceso glaciar puede generar nuevos lagos y desestabilizar laderas, pero los GLOF también dependen de precipitaciones extremas, avalanchas, geometría de los valles y características de las morrenas que contienen los lagos. El estudio patagónico detectó, por ejemplo, una fuerte asociación entre algunos eventos y los llamados “ríos atmosféricos”, grandes corredores de humedad capaces de producir precipitaciones intensas.
Chile: un laboratorio natural de inundaciones glaciares
Al otro lado de los Andes existe uno de los ejemplos más llamativos de Sudamérica.
En la cuenca del río Baker, en la Patagonia chilena, el Lago Cachet II produjo 21 GLOF entre 2008 y 2017.
Durante algunos de esos episodios, el vaciamiento del lago incrementó enormemente el caudal del río Colonia y alteró el flujo del Baker, inundando sectores del Valle Grande.
Los registros muestran que los GLOF son parte de la dinámica natural de los Campos de Hielo Patagónicos, aunque sus características y frecuencia pueden cambiar conforme evolucionan los glaciares.
Perú: probablemente el caso más delicado de Sudamérica
Si existe un lugar sudamericano donde el riesgo de GLOF está todavía más documentado, es la Cordillera Blanca de Perú.
La ciudad de Huaraz ya sufrió en 1941 una inundación provocada por el desborde de la Laguna Palcacocha, que causó alrededor de 1.800 muertes según las reconstrucciones utilizadas actualmente por organismos peruanos.
Actualmente, Palcacocha sigue siendo considerada una amenaza.
Según el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña de Perú (INAIGEM), su volumen aumentó aproximadamente 34 veces entre 1972 y 2016 y un eventual aluvión podría afectar a más de 27.000 personas. La laguna cuenta hoy con un sistema de alerta temprana y monitoreo.
Un informe nacional difundido en 2026 identificó además 528 lagunas glaciares con riesgo de desborde en Perú, de las cuales 58 fueron clasificadas con riesgo “muy alto”.
Y el peligro no es solamente histórico.
El 28 de abril de 2025, un desprendimiento de rocas impactó pequeños lagos glaciares cerca del Vallunaraju y desencadenó una inundación que recorrió unos 14 kilómetros hasta alcanzar sectores urbanizados de Huaraz e Independencia. El episodio provocó dos muertes, afectó viviendas, puentes e infraestructura hídrica y demostró que incluso lagunas relativamente pequeñas pueden producir eventos importantes si el flujo incorpora sedimentos durante el descenso.
Bolivia también tiene lagos bajo vigilancia científica
La Cordillera Real y la Cordillera Apolobamba, en Bolivia, conforman otro de los puntos que preocupan a los investigadores.
Un estudio hidrodinámico analizó tres lagos considerados particularmente peligrosos —Pelechuco, Laguna Arkhata y Laguna Glaciar— y concluyó que un eventual GLOF podría afectar seis comunidades aguas abajo.
Dependiendo del escenario utilizado, los investigadores estimaron entre aproximadamente 1.100 y 2.200 personas expuestas a inundaciones, y hasta unas 2.100 podrían enfrentarse a profundidades superiores a dos metros.
Investigaciones más recientes muestran además que los glaciares bolivianos continúan retrocediendo. Entre 2016 y 2022, el área glaciada analizada disminuyó aproximadamente un 9,1%, mientras que el número de lagos glaciares pasó de 704 a 770.
Once fueron clasificados con alta susceptibilidad a producir un GLOF, diez de ellos en la Cordillera Real.
Los lugares de Sudamérica donde más atención merece el fenómeno
A partir de las investigaciones disponibles, hay varias regiones donde una combinación de glaciares en retroceso, lagos proglaciares, pendientes pronunciadas y poblaciones aguas abajo merece particular seguimiento:
- El Chaltén y Laguna Torre, Argentina: existe una ladera inestable identificada en Cerro Solo y modelos específicos de un posible GLOF hacia el río Fitz Roy.
- Cordillera Blanca y Huaraz, Perú: es uno de los territorios con mayor historial de desastres glaciares del continente y mantiene numerosos lagos clasificados como peligrosos.
- Cordillera Vilcanota, Perú: INAIGEM ubica a la laguna Upiscocha, en Cusco, entre las de mayor susceptibilidad y riesgo del país.
- Cordillera Real y Apolobamba, Bolivia: existen varias lagunas con alta susceptibilidad y comunidades potencialmente expuestas.
- Cuenca de los ríos Colonia y Baker, Chile: registra repetidos vaciamientos glaciares, especialmente asociados al Lago Cachet II.
- Campos de Hielo Patagónicos de Argentina y Chile: concentran numerosos lagos nuevos o en expansión y antecedentes documentados de grandes inundaciones glaciares.
Un riesgo que crece mientras cambia la montaña
Los glaciares no solamente pierden hielo cuando retroceden.
También rediseñan el paisaje.
Aparecen nuevos lagos donde antes había hielo, quedan paredes rocosas sin soporte, aumenta la disponibilidad de sedimentos y cambian los sistemas de drenaje de los valles.
Eso no significa que cada nuevo lago glaciar vaya a colapsar.
De hecho, la enorme mayoría probablemente nunca genere una catástrofe.
Pero el problema de los GLOF es su combinación de baja previsibilidad y enorme capacidad destructiva.
En destinos de montaña cada vez más visitados, la vulnerabilidad depende además de un segundo factor: cuántas personas, caminos, hoteles, campings, puentes y senderos se encuentran aguas abajo cuando ocurre el evento.
El Chaltén recibe cada año a miles de visitantes atraídos justamente por el paisaje que moldean esos glaciares.
La paradoja es evidente: el hielo que convirtió al destino en uno de los grandes iconos turísticos de la Patagonia también forma parte de un sistema natural dinámico que hoy cambia rápidamente.
El desastre del Himalaya deja así una pregunta mucho más cercana de lo que parece.
No es si mañana ocurrirá un fenómeno semejante en El Chaltén —algo que actualmente nadie puede afirmar— sino si la localidad estará preparada en caso de que alguna vez ocurra.











