“Parece una postal, pero es mi casa”: Islas Feroe cambia su discurso para ordenar el crecimiento del turismo

La nueva campaña “Please Visit Responsibly” combina humor, mensajes directos y testimonios de residentes para pedirles a los viajeros que respeten los senderos, la naturaleza y la vida cotidiana del archipiélago. La iniciativa aparece después de diez años de fuerte crecimiento turístico y refleja una preocupación cada vez más visible entre las pequeñas comunidades locales.

Durante años, Islas Feroe construyó algunas de las campañas de promoción turística más creativas de Europa. Colocó cámaras sobre ovejas para reclamar su incorporación a Google Street View, invitó a residentes a traducir palabras para llamar la atención de Google Translate y llegó a “cerrar” temporalmente algunos sitios para recibir voluntarios dispuestos a reparar senderos.

Ahora, el mensaje empieza a cambiar.

La nueva campaña de Visit Faroe Islands se llama “Please Visit Responsibly” y parte de una premisa sencilla: los turistas continúan siendo bienvenidos, pero deben entender que los paisajes que recorren no son un parque temático ni un escenario creado para las redes sociales.

Son el hogar de unas 55.000 personas.

La frase central juega deliberadamente con la advertencia internacional “Please drink responsibly”. La agencia creativa Sendistovan, responsable del concepto junto con la firma danesa Frame & Work, explica que la campaña busca aprovechar una fórmula reconocible para transmitir una expectativa concreta: quien visita las islas está entrando en la casa de otra persona y debe actuar con consideración.

Una campaña que habla como los habitantes

A diferencia de las tradicionales campañas de turismo responsable, cargadas de recomendaciones institucionales y mensajes solemnes, las piezas de Islas Feroe utilizan humor, ironía y expresiones deliberadamente provocadoras.

Una de ellas está protagonizada por el poeta y escritor Trygvi Danielsen, que propone reemplazar la clásica lista de lugares imprescindibles —la bucket list— por una “fokkit-list”. El mensaje invita a renunciar a la obligación de fotografiar cada cascada o seguir a otros turistas hacia exactamente los mismos miradores.

La consigna es simple: bajar el ritmo y aceptar que no todo tiene que convertirse en contenido.

Otra pieza, protagonizada por un músico local, utiliza una frase todavía más directa: “Drones are for dks”**. Además del tono humorístico, el anuncio recuerda que los drones pueden alterar el comportamiento de aves y ovejas, invadir la privacidad de los residentes e interferir con las rutas aéreas cercanas al aeropuerto.

La campaña también muestra a la actriz Mariann Hansen frente a una de las tradicionales viviendas con techo de césped. Sobre la imagen aparece una frase que resume buena parte del nuevo discurso turístico del archipiélago:

“It looks like a postcard. But it’s my home” —“Parece una postal, pero es mi casa”—.

El pedido apunta a uno de los comportamientos que más molestias genera en algunas aldeas: turistas que se acercan demasiado a las viviendas, miran por las ventanas, toman fotografías de sus habitantes o vuelan drones sobre los techos.

La plataforma oficial recomienda mantener distancia de los animales, bajar la voz durante las caminatas, permanecer en los senderos, cerrar las tranqueras, no alterar piedras, plantas o nidos y consumir productos y experiencias ofrecidas por empresas locales.

No se trata solamente de una campaña digital. El concepto incluye una pieza audiovisual central, contenido para redes sociales, una página específica dentro del sitio oficial, cartelería distribuida por el territorio, intervenciones en hoteles, oficinas turísticas y mensajes desde el momento en que el visitante llega al aeropuerto.

Una campaña que se ríe de los hábitos del turista irresponsable

Uno de los elementos más efectivos de la campaña es que no recurre a una voz institucional para explicar cómo deberían comportarse los visitantes. Son los propios habitantes de las Islas Feroe quienes protagonizan las piezas, miran a cámara y se burlan, con ironía y humor seco, de algunos de los hábitos más repetidos del turismo contemporáneo: volar drones sobre viviendas y animales, perseguir exactamente las mismas fotografías que aparecen en Instagram, invadir propiedades privadas o recorrer el destino siguiendo una bucket list como si cada paisaje fuera una casilla que hay que marcar.

El discurso evita deliberadamente el tono solemne de las campañas de concientización. En una de las piezas, el concepto de bucket list es reemplazado por una “fuck-it list” —presentada también gráficamente como fokkit-list—, una invitación a olvidarse de la obsesión por completar una lista de lugares imprescindibles y viajar de una manera más espontánea. Otra utiliza la provocadora frase “Drones are for dicks” para cuestionar a quienes sobrevuelan pueblos, casas, aves y rebaños únicamente para conseguir una imagen impactante.

El humor funciona como una forma de marcar límites sin presentar a los feroeses como una población hostil hacia el turismo. Los locales no se ríen de los visitantes por viajar, sino de la repetición automática de comportamientos poco respetuosos: llegar al mismo mirador, hacer la misma pose, obtener la misma fotografía y marcharse sin prestar demasiada atención al lugar ni a quienes viven allí. La campaña convierte así la frustración cotidiana de los residentes en un mensaje directo: Islas Feroe puede ser una postal para el turista, pero sigue siendo la casa de alguien.

De destino desconocido a fenómeno turístico

El cambio de discurso no resulta casual. En aproximadamente una década, Islas Feroe pasó de ser un territorio prácticamente desconocido para el turismo internacional a recibir alrededor de 130.000 visitantes anuales, más del doble de su población.

El crecimiento estuvo impulsado por nuevas conexiones aéreas, la ampliación del aeropuerto de Vágar, las campañas de Visit Faroe Islands y una fuerte exposición en redes sociales, producciones audiovisuales y películas. Locaciones como la cascada de Múlafossur, el lago Sørvágsvatn o el faro de Kallur se convirtieron en imágenes recurrentes de Instagram.

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El impacto económico también fue considerable. Los ingresos vinculados con el turismo se duplicaron durante la última década y alcanzaron aproximadamente los 125 millones de euros en 2023. Mientras que el sector representaba cerca del 1% del producto interno bruto en 2015, su participación llegó posteriormente a alrededor del 6%.

La estadística hotelera refleja esa expansión. En 2024 se registraron casi 95.000 check-ins en hoteles, hostels y casas de huéspedes, la cifra más alta registrada hasta ese momento. Además, las pernoctaciones correspondientes a viajeros procedentes de países distintos de Islas Feroe y Dinamarca alcanzaron un récord de aproximadamente 113.500 noches, un 16% más que el año anterior.

Para una gran ciudad europea, estas cifras podrían parecer menores. Para un archipiélago de 18 islas, con aldeas de pocos cientos o incluso decenas de habitantes, caminos angostos y ecosistemas sensibles, la presión se concentra rápidamente.

El turismo es bienvenido, pero no de cualquier manera

La relación de los habitantes con el turismo no puede reducirse a un rechazo generalizado. La actividad generó empleos, nuevos restaurantes, hoteles, excursiones y oportunidades para jóvenes que anteriormente debían emigrar para trabajar. También ayudó a diversificar una economía históricamente dependiente de la pesca y la producción de salmón.

Algunos residentes señalan incluso que la mirada de los visitantes les permitió revalorizar sus propios paisajes, su gastronomía y su identidad cultural.

Sin embargo, la percepción cambia fuera de Tórshavn, la capital, especialmente en las pequeñas comunidades donde el turismo resulta mucho más visible.

Una investigación de la Universidad de Copenhague identificó una relación paradójica: el turismo es deseado por sus oportunidades económicas, pero cuestionado por sus efectos sobre el ambiente y la vida cotidiana. La investigadora Hanna Birkelund Nilsson observó que las señales regulatorias en inglés aparecen principalmente en las aldeas donde la llegada de visitantes genera mayores tensiones.

En lugares como Saksun, los habitantes comenzaron a instalar carteles, cercos y sistemas de cobro para controlar el acceso a terrenos privados. En otras comunidades, la llegada de autos de alquiler provoca problemas en caminos de un solo carril, mientras que los grupos de excursionistas atraviesan campos utilizados para la cría de ovejas o se alejan de los senderos para conseguir una fotografía diferente.

También existe preocupación por el aumento de los alquileres temporarios, la disponibilidad de viviendas, los accidentes de montaña y el costo de los operativos de rescate. En un territorio insular, los mismos helicópteros y recursos que asisten a visitantes accidentados también cumplen funciones esenciales para conectar a la población local.

La concentración estacional agrava el fenómeno. Buena parte de los viajeros llega entre mayo y septiembre y visita los mismos paisajes difundidos en redes sociales. El problema, por lo tanto, no es solamente cuántas personas viajan, sino dónde se concentran, cómo se desplazan y cuánto aportan a las comunidades que recorren.

Del marketing de promoción al marketing de gestión

“Please Visit Responsibly” representa una evolución en la estrategia de Visit Faroe Islands. La comunicación ya no se limita a generar deseo o aumentar el número de llegadas: también intenta gestionar el comportamiento del visitante.

La campaña forma parte de HEIM, la estrategia turística hacia 2030 cuyo nombre significa “hogar” en feroés. Su objetivo declarado es que el turismo contribuya a mejorar las islas en términos sociales, económicos y ambientales, en lugar de obligar a las comunidades a modificar su forma de vida para recibir cada vez más viajeros.

El planteo coincide con una discusión que atraviesa numerosos destinos europeos: la promoción turística no puede estar separada de la gestión de los flujos, la movilidad, el acceso a los atractivos y la convivencia con los residentes.

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Islas Feroe todavía está lejos de recibir los volúmenes de Islandia, Barcelona, Venecia o las Islas Canarias. Pero su escala territorial hace que determinados impactos aparezcan mucho antes.

La nueva campaña intenta intervenir antes de que el conflicto se vuelva estructural. No pide que los turistas dejen de viajar, sino que abandonen algunos hábitos asociados con el turismo contemporáneo: correr detrás de una lista de fotografías, ingresar en propiedades privadas, invadir la vida cotidiana de los residentes o tratar cada paisaje como si estuviera disponible sin límites.

Después de una década dedicada a conseguir visibilidad internacional, Islas Feroe enfrenta ahora un desafío más complejo: seguir siendo un destino atractivo sin convertirse en víctima de su propio éxito.

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