El turismo argentino toma decisiones mirando por el espejo retrovisor. Hay una forma de mirar hacia adelante.

Por Mg Eduardo A. Díaz (FCE-UNLP)

Cuando un hotelero de Villa Carlos Paz, un operador de Bariloche o un secretario de Turismo municipal necesita saber cómo viene la temporada, tiene que esperar. La ocupación hotelera oficial se publica con dos o tres meses de rezago. El impacto económico de una temporada se conoce recién cuando la temporada ya terminó. Para cuando el dato llega, la decisión que debería haber informado —cuánto personal contratar, qué tarifa fijar, cuánto invertir en promoción— ya se tomó, a ciegas o por intuición.

No es un problema exclusivo del turismo. Pero el turismo tiene algo particular: a diferencia de la industria o el comercio, donde existen desde hace más de veinte años “índices líderes” que anticipan hacia dónde va la economía antes de que los datos oficiales lo confirmen, nadie construyó todavía el equivalente para la actividad turística argentina. Un trabajo reciente empezó a probar si es posible.

Un instrumento que ya existe para la economía en general

Desde hace más de dos décadas, universidades y consultoras económicas argentinas publican mensualmente un “Índice Líder” que no busca decir cuánto va a crecer la economía, sino algo más modesto y más útil: avisar cuándo un ciclo de expansión está por convertirse en freno, o viceversa. Lo logran combinando diez variables elegidas con un criterio muy específico —no cualquier dato que se relacione con la economía sirve, solo sirven los que históricamente se mueven antes que el ciclo, no junto con él.

La pregunta que guio esta investigación fue simple: ¿existe algo parecido para el turismo? ¿Hay señales que aparezcan semanas o meses antes de que una temporada se confirme buena o mala, en lugar de enterarnos cuando ya no hay nada por hacer?

Lo que no funcionó (y por qué vale la pena saberlo)

La intuición más extendida en el sector es que todo se explica por el dólar: cuando el peso está “caro”, el turismo interno sufre; cuando está “barato”, repunta. Es una intuición razonable —y parcialmente cierta— pero al testearla con datos reales de más de una década, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo mostró muy poca capacidad de anticipar nada: apenas alcanza a explicar una fracción menor del movimiento del turismo, y ni siquiera con un rezago consistente.

Tampoco funcionó lo que parecía más obvio: usar el propio gasto turístico como termómetro. Cuando se cruzó la cantidad de turistas con lo que efectivamente gastan, ambas variables se mueven exactamente al mismo tiempo, no una antes que la otra. Tiene sentido si se lo piensa un momento: cuánta gente viaja y cuánto gasta responden a la misma billetera y al mismo momento económico. Uno no le avisa al otro con anticipación; laten juntos.

Lo que sí funcionó, y por qué es una buena noticia

El dato que mostró señales reales de anticipación fue, en cambio, algo que cualquiera puede consultar gratis: el volumen de búsquedas en Google de la frase “vuelos baratos”. Cuando se comparó la evolución de esas búsquedas contra la cantidad real de turistas que viajaron los meses siguientes, apareció un patrón que no habían mostrado ni el dólar ni el gasto: la curva de búsquedas se adelanta. La gente busca antes de viajar —algo que suena obvio dicho así, pero que hasta ahora nadie había podido demostrar con series largas para el caso argentino.

Es la misma lógica, llevada a datos masivos, que aplica desde hace años un agente de viajes con oficio cuando compara mentalmente el precio de un paquete a Río de Janeiro contra uno a Bariloche antes de decidir qué le conviene ofrecer a un cliente. La diferencia es que ahora esa intuición se puede sistematizar con millones de búsquedas por mes, en tiempo casi real, sin esperar ningún informe oficial.

Por qué esto le importa a quien vive del turismo

Para un hotelero o un dueño de cabañas, un indicador que se adelanta uno o dos meses a la ocupación real cambia la pregunta de “¿cómo nos fue?” a “¿cómo nos va a ir?” — con tiempo todavía para ajustar tarifas, reforzar promoción en un destino específico, o anticipar necesidades de personal.

Para una secretaría de turismo municipal, tener una señal temprana de que la temporada viene floja permite reaccionar con una campaña de promoción antes de que la caída ya sea un hecho consumado, en lugar de explicarla después con el balance oficial.

Para el sector privado en general —agencias, transporte, gastronomía— es la diferencia entre planificar con información y planificar con expectativas.

Una advertencia necesaria, hecha con la misma honestidad que exige el tema

Este hallazgo es real, pero todavía es temprano para tratarlo como una fórmula infalible. La muestra utilizada para comprobar esta relación cubre apenas dos décadas de datos trimestrales, y al sacar el período de pandemia —que distorsiona cualquier comparación por el cierre total de fronteras— quedan poco más de veinte trimestres útiles. Es una señal fuerte y consistente, pero todavía no es estadísticamente contundente en el sentido más estricto. Sería un error convertir esto en certeza antes de ampliar la base de datos y probarlo con más variables de búsqueda, no solo una frase.

Tampoco alcanza con mirar una sola palabra clave. El siguiente paso lógico —ya identificado, todavía pendiente— es construir una canasta más amplia de términos de búsqueda, sumar datos de reservas anticipadas que hoy manejan de forma privada las agencias de viajes online y las plataformas de venta de pasajes, y contrastar todo contra series turísticas actualizadas a los últimos meses, no solo hasta 2024.

La invitación de fondo

Argentina tiene, dispersos entre distintos organismos públicos y privados, casi todos los ingredientes necesarios para construir un verdadero índice líder del turismo: encuestas de gasto con microdatos públicos, series de tipo de cambio completas, informes de competitividad de precios que ya construyen consultoras privadas, y ahora esta primera evidencia de que el comportamiento de búsqueda online anticipa el comportamiento de viaje real.

Lo que falta no es tecnología ni datos: es que alguien —un observatorio universitario, una cámara del sector, un ministerio— se anime a juntar estas piezas sueltas en un instrumento único, publicado con la misma regularidad y la misma seriedad con la que hoy se publica el Índice Líder de la economía general. El turismo mueve una porción creciente y significativa de la economía argentina. Merece dejar de tomar decisiones mirando exclusivamente hacia atrás.

Picture of Eduardo Díaz
Eduardo Díaz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Es clave
HAY MUCHO MÁS EN OPINIONES

LOS MEJORES CONTENIDOS DIRECTO A TU EMAIL

Suscríbete gratis a nuestros mejores contenidos sobre noticias, entrevistas, opiniones y más.