Perderse para descubrir: la otra Buenos Aires que existe más allá de los circuitos turísticos

Viajar cambió. Durante años, conocer una ciudad significaba recorrer sus lugares más famosos, tomarse la foto clásica y seguir el itinerario que todos hacen. Pero cada vez más viajeros —y también quienes habitan las ciudades— buscan algo distinto: experiencias más auténticas, menos evidentes, más humanas.

En ese contexto, aparece una forma de viajar que no está en las guías tradicionales: explorar la ciudad con curiosidad, caminar sin apuro, observar los detalles y descubrir las historias que viven en cada barrio. Porque toda ciudad tiene un “lado B”: calles poco transitadas, bares históricos escondidos, pasajes que parecen detenidos en el tiempo o barrios que conservan su identidad lejos del radar turístico.

Buenos Aires no es la excepción. Aunque millones de viajeros la visitan cada año, la mayoría conoce solo una pequeña parte de lo que realmente es.

Pero ¿qué pasa cuando alguien decide recorrer la ciudad con otros ojos?

Carolina Janeiro y la exploración urbana como forma de narrar la ciudad

Carolina Janeiro trabaja precisamente en ese cruce entre exploración, fotografía y narrativa urbana. Diseñadora industrial formada en la FADU, desarrolla proyectos que combinan investigación del espacio urbano, documentación visual y crónicas sobre la ciudad.

Su curiosidad por las ciudades la llevó a recorrer Buenos Aires con una mirada distinta: observar las huellas del pasado, registrar detalles cotidianos y construir relatos sobre los barrios que muchas veces pasan desapercibidos. Para ella, la fotografía no es solo estética, sino también una herramienta para documentar la identidad urbana y transformar la observación en historias que inviten a mirar la ciudad de otra manera.

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Entre sus proyectos se encuentran circuitos urbanos alternativos, investigaciones sobre barrios porteños y el documental La Vuelta, una pieza poético-documental sobre el barrio de Parque Chas y su peculiar trazado circular.

Además, desarrolla el proyecto Vagando Buenos Aires, un laboratorio de divulgación urbana donde comparte recorridos, hallazgos y crónicas sobre la ciudad.

Conversamos con ella sobre cómo descubrir el lado menos evidente de Buenos Aires y por qué perderse en una ciudad puede ser una de las mejores formas de conocerla.

¿Cómo definirías a Buenos Aires para un argentino que conoce la ciudad (o cree eso) y cómo definirías Buenos Aires para un extranjero que nunca la visitó?

Por lo general quien vive en Buenos Aires conoce su propio barrio y otro par de barrios más, y el argentino que visita (a modo turístico) se suele mover en los mismos circuitos típicos. Eso hace que se tenga una mirada sesgada. En mi opinión Buenos Aires es muy variada y cada barrio tiene un espíritu propio.

Hablás de “construir circuitos” — ¿cómo se construye un circuito? ¿Qué tiene que tener una calle o un barrio para que te llame la atención?

Mi forma de construir circuitos es primero explorando la zona. Muchas veces (aunque no siempre) empiezo mirando el mapa de Google. Lo que más me interesan son los trazados urbanos atípicos. De esa forma descubro pasajes o lugares históricos que pasan desapercibidos.

Si hay algo que me llama mucho la atención, porque intuyo que tiene una historia, investigo. Recorro mucho caminando, voy siguiendo todo lo que me llama la atención. Saco fotos y registro todo lo que (yo considero) tiene algún valor histórico o es auténtico de un lugar.

Para que sea un circuito interesante debe tener además paradas para visitar: generalmente todos los barrios tienen su café histórico, su club, o la casa de algún personaje ilustre o un centro cultural.

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Un turista que llega a Buenos Aires solo va a San Telmo, La Boca, Palermo. ¿Qué se está perdiendo?

Se está perdiendo de conocer Buenos Aires básicamente. Se puede llegar caminando muy fácilmente de un barrio a otro y es una picardía, por ejemplo, estar en La Boca y no conocer Barracas.

O caminar desde Palermo hasta Almagro para experimentar la esencia tan diferente de ese barrio.

Si un turista quiere empaparse de la cultura de un lugar lo más recomendable es que extienda sus horizontes y se anime a conocer un poco más allá. Se va a sorprender para bien.

A mí por ejemplo San Telmo me encanta, me parece que conserva una cuestión muy auténtica pero con la explotación turística los locales de toda la vida se convierten en franquicias comerciales y poco a poco esa autenticidad se va perdiendo. Sin embargo Monserrat, que está al lado, sigue conservando la misma esencia que hace muchos años.

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¿Hay barrios de Buenos Aires que estén completamente subvalorados turísticamente y que merezcan estar en el radar?

Lo que pienso es que hay barrios que están preparados para el turismo y otros simplemente son auténticos.

A la persona que le gusta conocer de verdad le gustaría por ejemplo tomarse un café en el corazón de Parque Chas, o viajar en el tranvía de Caballito y visitar los talleres, o recorrer las casitas de Parque Chacabuco.

Hiciste un documental sobre Parque Chas, un barrio con calles circulares que confunden hasta a los porteños. ¿Qué encontrás cuando te perdés a propósito en la ciudad?

Perderse en la ciudad es una actividad muy enriquecedora. Es así como se puede conocer de verdad un lugar: sus límites, las zonas preferidas para cada uno, los locales que se conservan intactos hace años y que solo conocen los del barrio.

Es una actividad muy relajante si uno entra en sintonía con el lugar.

Usás la fotografía como herramienta de registro, no solo como estética. ¿Qué diferencia hay entre sacar una foto de turista y sacar una foto de quien quiere entender un lugar?

Me encanta cuando saco fotos de un lugar y muchos me preguntan “dónde queda eso”. Siento que si logro eso cumplí mi misión de divulgadora de la ciudad.

Una foto de turista, a mi entender, es una foto que se saca por sacar y queda archivada. Total la misma foto la puedo encontrar buscando “ciudad de Buenos Aires” en Google.

¿Qué le recomendarías a alguien que tiene solo 48 horas en Buenos Aires y quiere salirse del circuito habitual sin perderse lo esencial?

Creo que con 48 horas nos quedamos cortos, pero se puede recorrer bastante.

Diría que usen transporte público para mezclarse con la gente y conocer más a fondo. Pueden empezar por Retiro o elegir una estación de subte al azar.

Que lo tomen con calma y elijan por zonas (norte, sur y centro). Que caminen mucho y se dejen guiar por la intuición.

Barrios recomendables hay muchos, creo que eso va a depender de los gustos de cada persona.

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¿Hay algo de Buenos Aires que hayas descubierto después de años de recorrerla que todavía te sorprenda?

Hace un par de años salí con la intención de conocer más Almagro, porque solo conocía la zona del Abasto. Me encontré con pasajes muy hermosos, puentes ferroviarios y muchos edificios antiguos conservados.

No me canso de recorrer Monserrat. Es un lugar que puede ser muy caótico pero está lleno de vida y, supongo que por ser el primer barrio de Buenos Aires, se respira algo histórico.

También me gusta mucho Barracas. Son lugares que se mantienen frescos, que todavía no son codiciados por los negocios inmobiliarios y donde la historia está a la vista.

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La invitación a mirar la ciudad de otra manera

En una época en la que muchas ciudades parecen volverse cada vez más parecidas entre sí, buscar lo auténtico se vuelve casi un acto de resistencia.

Quizás por eso propuestas como la de Carolina resultan tan interesantes: invitan a recuperar algo simple pero poderoso —la curiosidad.

Porque a veces conocer un lugar no depende de cuántos sitios famosos visitamos, sino de cómo lo caminamos, cómo lo observamos y qué historias decidimos descubrir.

Tal vez la próxima vez que estés en Buenos Aires —o en cualquier ciudad— la mejor decisión no sea seguir el mapa turístico, sino perderte un poco.

Después de todo, como demuestra esta forma de exploración urbana, muchas veces las ciudades más fascinantes aparecen cuando dejamos de buscarlas y simplemente empezamos a caminar.

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