La crisis energética, los cortes de luz, la escasez de combustible y el aumento de las tensiones con Estados Unidos golpean con fuerza al destino caribeño. Algunos operadores comparan la caída con el parate vivido durante la pandemia.
El turismo en Cuba atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba citados por Travel Weekly, el país recibió en lo que va del año menos de la mitad de los visitantes registrados en el mismo período de 2025.
La caída se da en un contexto especialmente complejo para la isla: crisis energética, apagones crónicos, problemas de abastecimiento de combustible, interrupciones aéreas y un clima de mayor tensión política con Estados Unidos. Hasta abril, apenas 21.000 estadounidenses habían visitado Cuba, mientras que Canadá se mantiene como el principal mercado emisor.
Desde el sector privado, algunos operadores advierten que la demanda se contrajo de forma drástica. Marcel Hatch, fundador de Cuba Explorer y residente en La Habana, señaló que muchas personas decidieron postergar sus viajes por temor a una posible escalada militar o por preocupación ante los apagones y la falta de gasolina. Según el operador, las reservas llegaron a caer hasta un 80% en las semanas posteriores al aumento de las tensiones regionales.

El impacto también alcanza a grandes compañías de viajes. Intrepid Travel canceló todos sus programas en Cuba hasta el 30 de junio, citando preocupaciones vinculadas con la disponibilidad de vuelos y el suministro de combustible. Otros operadores, en cambio, mantienen sus itinerarios, aunque con volúmenes muy reducidos y estrategias de adaptación.
Johnny Considine, fundador de Cuba Private Travel, aseguró que todavía recibe viajeros y que los servicios turísticos principales continúan funcionando. Según explicó, hoteles y restaurantes cuentan con generadores y, en muchos casos, los visitantes quedan relativamente aislados de los problemas que afectan con más fuerza a la población local. Su compañía incluso incorporó vehículos eléctricos para reducir la dependencia del combustible.
Para la industria turística cubana, el desafío es doble: recuperar la confianza del viajero internacional y sostener la operación en medio de una crisis estructural. Aunque algunos visitantes pueden encontrar hoy una Cuba menos concurrida y más singular, la percepción de riesgo pesa cada vez más sobre la decisión de viaje.
Cuba vuelve a mostrar cómo la combinación de crisis energética, conectividad limitada e incertidumbre geopolítica puede impactar rápidamente en un destino turístico. Para operadores, agencias y aerolíneas, el caso funciona como una alerta sobre la fragilidad de la demanda cuando la confianza del viajero se deteriora.











