Machu Picchu mueve millones, pero un video viral vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿dónde queda el dinero del turismo?

Un video viral abrió el debate sobre qué pasa con el dinero que genera Machu Picchu, uno de los destinos turísticos más visitados y reconocidos de América Latina.

La grabación, realizada por un turista chileno, comenzó a circular en redes sociales durante septiembre de 2026 y rápidamente sumó miles de interacciones. En el video, el visitante cuestiona el estado de algunas zonas de Machupicchu Pueblo y pone sobre la mesa una pregunta que terminó excediendo su experiencia personal: ¿dónde va el dinero que dejan los turistas?

El viajero asegura haber pagado cerca de US$50 por la entrada al complejo arqueológico y alrededor de US$30 por el bus que conecta el pueblo con el acceso a la ciudadela. Frente a esas cifras y al volumen de visitantes que recibe el destino cada año, el turista cuestiona por qué esa actividad económica no parece reflejarse con la misma intensidad en la infraestructura urbana.

La pregunta encontró eco porque detrás de Machu Picchu existe una economía de enorme escala.

Solo durante una semana de enero de 2025, el Ministerio de Cultura de Perú informó que vendió más de 150.000 entradas para ingresar a Machu Picchu, con una recaudación superior a los S/20 millones.

El volumen de visitantes también sigue siendo elevado. Durante el primer semestre de 2026, Machu Picchu recibió 644.844 turistas, y más del 82% fueron extranjeros.

Según datos de PromPerú, los visitantes internacionales que incluyen Machu Picchu dentro de su itinerario gastan más de US$1.600 durante su estadía en Perú. Ese gasto contempla alojamiento, transporte, gastronomía, excursiones, trenes y otros servicios, por lo que no representa dinero que quede directamente en Machupicchu Pueblo, pero permite dimensionar el tamaño del negocio turístico que gira alrededor del destino.

Y ahí aparece uno de los puntos centrales del debate.

El cálculo que plantea el video —entrada más transporte— no significa que todo ese dinero termine en una misma caja ni que sea administrado directamente por la Municipalidad de Machupicchu.

Los ingresos provenientes de las entradas a la ciudadela son gestionados por el Ministerio de Cultura, mientras que el transporte, los trenes, los hoteles, los restaurantes y otros servicios forman parte de circuitos económicos diferentes, con participación tanto del sector público como de empresas privadas.

Por eso, la pregunta que dejó el video viral es más compleja que saber cuánto paga cada turista.

El verdadero interrogante es cómo se distribuye el valor económico generado por Machu Picchu, cuánto recibe efectivamente la localidad que funciona como puerta de entrada al sitio arqueológico y qué proporción de esos recursos termina convirtiéndose en infraestructura y servicios visibles para residentes y visitantes.

La polémica aparece además en un momento en que la administración del destino ya se encuentra bajo observación.

En agosto de 2026, un informe de la Contraloría General de Perú advirtió problemas relacionados con el registro y el control de visitantes. Según información difundida a partir de ese documento, más de 91.000 turistas habrían ingresado sin quedar correctamente registrados dentro de la plataforma oficial TuBoleto.

La Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, por su parte, volvió a defender recientemente el funcionamiento del sistema de venta de entradas y señaló que mantiene disponibles 1.000 boletos diarios para la venta presencial en Machupicchu Pueblo.

El video del turista chileno no demuestra por sí mismo que exista un problema de desvío de fondos ni permite concluir que los recursos recaudados no sean invertidos.

Pero sí logró instalar una pregunta que toca uno de los desafíos históricos de los grandes destinos turísticos: cuánto de la riqueza que generan termina beneficiando directamente al territorio que recibe a los visitantes.

En el caso de Machu Picchu, donde cientos de miles de turistas pagan entradas, transporte, alojamiento y servicios todos los años, la discusión ya no pasa únicamente por cuánto dinero entra.

La cuestión es quién lo recauda, cómo se reparte y cuánto regresa al lugar donde se genera.

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