Uber comenzó a vender más de 700.000 hoteles dentro de su aplicación, mientras Airbnb acelera su expansión hacia los alojamientos boutique. Las dos plataformas parten de negocios diferentes, pero persiguen el mismo objetivo: quedarse con una porción cada vez mayor del viaje.
Uber ya no quiere aparecer solamente cuando un pasajero necesita llegar al aeropuerto. Airbnb tampoco se conforma con ser la plataforma donde se reserva una casa o un departamento. Las dos compañías están ampliando sus negocios hacia la hotelería y avanzan, desde extremos opuestos, sobre el territorio históricamente dominado por agencias online como Booking.com y Expedia.
La transformación es especialmente llamativa en el caso de Uber. La compañía incorporó una sección de hoteles dentro de su aplicación que permite buscar, reservar y pagar alojamientos sin abandonar el mismo entorno utilizado para pedir un auto o comida.
Por ahora, las reservas están disponibles para usuarios ubicados en Estados Unidos, aunque el catálogo incluye más de 700.000 hoteles alrededor del mundo. Los miembros de Uber One reciben un 10% del valor de la reserva en créditos que luego pueden utilizar para viajes y pedidos, además de descuentos de al menos un 20% en una selección de establecimientos.
Uber vende hoteles, pero Expedia pone el inventario
La compañía no construyó desde cero una agencia de viajes. El inventario, la tecnología de reservas y el procesamiento de las operaciones provienen de Expedia Group mediante su sistema Rapid API. Incluso los datos de pago del usuario son transferidos a Expedia, que puede actuar como responsable comercial de la transacción.
La alianza les permite a las dos empresas aprovechar fortalezas diferentes. Expedia aporta cientos de miles de hoteles y experiencia operativa; Uber suma una aplicación utilizada con mucha más frecuencia que una OTA tradicional.
La apuesta consiste en convertir esa frecuencia en intención de viaje. Una persona puede abrir Uber varias veces por semana para trasladarse o pedir comida, mientras que generalmente ingresa a Booking o Expedia solo cuando está planificando una salida.
Uber también puede conectar distintos momentos de una misma experiencia: la reserva del hotel, el traslado al aeropuerto, el viaje hasta el alojamiento y la entrega de comida después del check-in. El crédito recibido por reservar una habitación vuelve a circular dentro de ese ecosistema, reforzando la suscripción a Uber One.
Sin embargo, existe una paradoja: Uber quiere convertirse en distribuidor hotelero, pero todavía depende de uno de los gigantes a los que eventualmente podría disputarles clientes. La empresa controla la interfaz y la relación cotidiana con el usuario; Expedia conserva buena parte de la infraestructura comercial que hace posible la reserva.
Airbnb vuelve a mirar a los hoteles
Airbnb sigue el camino inverso. Ya cuenta con viajeros que ingresan a la plataforma con una intención concreta de reservar alojamiento, pero necesita aumentar la frecuencia de uso y ampliar el tipo de producto disponible.
En 2026 incorporó miles de hoteles boutique e independientes en más de 20 destinos, entre ellos Nueva York, París, Londres, Madrid, Roma y Singapur. La selección evita por ahora a las grandes cadenas y prioriza establecimientos que encajen con la identidad de diseño, ubicación y hospitalidad de Airbnb.
Para atraer demanda, la plataforma ofrece igualación de precios y, en determinados hoteles, créditos de hasta el 15% para utilizar en una futura reserva. Según la compañía, aproximadamente el 35% de los usuarios que reservan por primera vez un hotel en Airbnb regresan posteriormente para contratar una vivienda.
Ese dato explica una parte importante de la estrategia: el hotel no sería únicamente una nueva fuente de comisiones, sino también una puerta de entrada al negocio principal.
Las noches de hotel comercializadas por Airbnb están creciendo cerca de tres veces más rápido que las correspondientes a viviendas, según el análisis de Skift. Pero falta una cifra fundamental: cuánto de ese crecimiento representa reservas verdaderamente nuevas y cuánto reemplaza operaciones que los usuarios antes realizaban en casas o departamentos de la propia plataforma.
Dos ventajas diferentes y una misma ambición
Uber posee frecuencia, hábitos cotidianos y un programa de suscripción que atraviesa movilidad y delivery. Lo que todavía debe demostrar es que una persona que abre la aplicación para pedir un auto también está dispuesta a confiarle una reserva hotelera de cientos o miles de dólares.
Airbnb tiene la intención de viaje, una marca mundialmente asociada al alojamiento y millones de huéspedes registrados. Su desafío es aumentar la frecuencia sin diluir la identidad que construyó alrededor de viviendas particulares y experiencias diferentes de la hotelería convencional.
Las dos compañías persiguen, en definitiva, la misma idea: que el usuario resuelva cada vez más partes de su viaje dentro de una sola plataforma.
Para los hoteles, la aparición de estos nuevos canales puede ampliar la distribución y reducir la dependencia de las OTA tradicionales. Pero también puede crear nuevos intermediarios capaces de controlar al cliente, imponer condiciones comerciales y utilizar descuentos o créditos para trasladar la fidelidad desde la marca hotelera hacia la plataforma.
Booking y Expedia todavía poseen una enorme ventaja en inventario, búsquedas y experiencia transaccional. De hecho, Expedia participa directamente del avance de Uber. La amenaza, por lo tanto, no es inmediata ni lineal.
Lo novedoso es que la próxima gran agencia de viajes podría no haber nacido como agencia. Podría surgir de una aplicación que ya sabe dónde se mueve el usuario, qué pide para cenar y con qué frecuencia viaja; o de una plataforma que comenzó alquilando colchones inflables y ahora quiere vender hoteles, autos, traslados y experiencias.
La pelea ya no es únicamente por concretar una reserva. Es por controlar toda la relación con el viajero antes, durante y después del viaje.











